Aventura Patagónica

Aventura Patagónica

Tras unas cuantas horas de paseos aéreos trasatlánticos, llegábamos parte del staff y varios jugadores al aeropuerto de Ezeiza, Buenos Aires. Eran las 9.30 de la mañana hora local, y tras catar las primeras medias lunas del viaje, propuse ir a dar un paseo por el Río La Plata para hacer tiempo hasta volar a Río Gallegos.

Los españoles, Concepción, Botello, Santana y Bergareche iban comentando las ganas que tenían de ver qué tal los recibiría el público argentino y preguntándose qué tal estaría el ambiente por esta primera parada internacional.

24 horas después, ni el jet lag, ni el frío, les aurruinó la fiesta de comprobar el gran montaje y la cantidad de amantes del pádel que les esperaban en el Boxing Club desde el primer día.

Subidos a un palco y como de costumbre, los jugadores hicieron pandilla y vieron juntos los partidos. Estuvieron absolutamente todos en el de Lahoz-Gutiérrez ante los “superpibes”. Porque ellos son los primeros que no se pierden un “duelo debut” con cierto morbo.

Todo iba de maravilla pero llegó el susto. En octavos, Juani Mieres se golpeó en la cabeza con el poste de la puerta de la pista ante una devolución imposible de Fernando Poggi. Lo vimos sangrando en el suelo, y contuvimos la respiración. Pero tras unos cuantos puntos, regresó a la “cancha” y del sobresalto pasamos a las risas post partido, por el peculiar vendaje con cinta americana que le pusieron los sanitarios.

Al día siguiente volvimos a tener emoción desde el primer encuentro de cuartos. En el primer juego, Godo impactó con el cristal y se rompió en añicos. Durante las dos horas que estuvimos esperando a que lo cambiaran, me pregunté si no habría sido una estrategia de Godito para sacar del partido a su hermano Matías. Aunque creo que a los que sacaron, pero de la cama, fue a los míticos Gaby y Seba que desperdiciaron su siesta y acudieron antes de tiempo al pabellón. Y al pobre Ramiro, que salió corriendo a sentarse en el banquillo para evitar un mareo. De pie estuvo Paquito Navarro, muy pendiente del cambio, supongo que para comprobar que pudiera seguir tirando su “cuchilla” tras el incidente. Todo quedó en una anécdota y en un tie break con puntos de infarto que llenaron páginas enteras de mi libreta.

Las condiciones de la pista nos han dejado un pádel exquisitoque hemos saboreado en cada jornada. Los argentinos, lo degustaron, mate en mano.

El público los vió en sus inicios y se reencuentran con ellos tras muchos años, convertidos en estrellas.  Algunos como Nerone, Quiles o Maxi tenían a su mayor fan en las gradas. Sus madres estaban allí y eso les dió ganas de pelear como nunca las victorias.

Media hora después de la final, en el hotel, Fernando Belasteguín brindaba con zumo de naranja al lado de su tío, su primo y su mejor amigo de toda la vida, “el Gula”. Se habían hecho miles de kilómetros desde Pehuajó y pudieron vivir su tercer título consecutivo, más especial si cabe por hacerlo al lado de un Pablito Lima al que hemos visto más feliz, relajado y motivado que nunca en su regreso.

La despedida de nuestro viaje, por cierto, fue de cuento…Sanyo Gutiérrez durmió las cinco horas de autobús a las que nos enfrentamos a las 5 de la mañana del lunes cuando pasaron a buscarnos…. pero abrió bien los ojos cuando llegamos al mismísimo Perito Moreno, donde apenas podíamos articular palabra por el frío cuando saqué el micrófono World Pádel Tour. Micro que ya estoy deseando volver a sacar…esta vez en el corazón de la Valladolid. Allí os espero, todavía con el recuerdo en la mente de la gran aventura argentina!

 

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